De los Nuevos Consejos de Don Quijote: La Tolerancia

Por Juan Nicolás Padrón (Cuba)
Ilustración por Rosamar Corcuera (Perú)

Artículo publicado en
DESARROLLO, CULTURA Y TURISMO DESDE LA PERIPHERIA
Edición Octubre 2005
Año 1 Nro 3

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Sancho:

Tolerar es soportar, permitir, aguantar… Si quieres llevar a tu ínsula un gobierno democrático, no digas que vas a ser tolerante, pues tales significados resultan contraproducentes con los propósitos de ser el primer servidor público de tus gobernados, de mandar obedeciendo. Que no te traicione el subconsciente −ya leerás a Freud dentro de varios siglos. Si promueves el diálogo, la comunicación se efectúa en ambos sentidos −también tendrás tiempo de estudiar a McLuhan− y no en uno solo; nadie entonces tolera a nadie, sino que escuchamos, hablamos, escuchamos… y así conversamos. Si promueves la participación, el derecho a ella está legitimado y no se otorga ni se tolera, sino que se hace uso de él de manera cotidiana. Si promueves las soluciones no hegemónicas en las que predominen el compromiso social después de flexibilizar los canales de coordinación y de hacerlos accesibles para cada integrante de la sociedad, entonces no tendría sentido hablar de “tolerancia”. Así que destierra esa palabreja de tu léxico.

Recuerda que los sinónimos de tolerar son sufrir, resistir, disimular…, y si te he pedido que no uses que estás tolerando, menos has de decir que estás sufriendo, resistiendo, disimulando… Quiero que me entiendas: resulta paradójico el concepto y también toda la familia de vocablos que forman sus sinónimos, así que no resuelves el problema poniendo un sinónimo; no los emplees si empeoran la cuestión, como suelen hacer ciertos sacerdotes e inquisidores. Cuando estés pronunciando tu discurso y prometas que vas a “tolerar”, di mejor que vas a ser un gobernante que partirás de la aceptación de las diferencias, que las escucharás y tendrán respuesta, y que necesitas de cada uno de los integrantes una participación en la solución y un compromiso con los resultados. Además de que sería de mal gusto prometer que vas a ser tolerante, pues tú no eres Dios, si te pronuncias así no estarás abriendo verdaderamente el diálogo ininterrumpido, premisa para conducir la solución de los problemas.

Si aspiras a ser gobernante democrático, deberás hacer un uso adecuado y preciso de las palabras para que tus conciudadanos lleguen a conocer exactamente cómo piensas. Recuerda que el lenguaje es la envoltura del pensamiento −¡ah, ese Engels!−, y todos esperan que hagas lo dicho, pero si no dices exactamente lo que piensas, entonces entrarás en un conflicto contigo mismo, y con quienes hasta ese momento te han apoyado. Todavía será peor con los enemigos. Volveré con más consejos en otra ocasión.