Educación Intercultural Bilingüe en Áncash – Una Entrevista con Leonel Menacho

Por Doris Loayza (DL), Mitch Teplitsky (MT) y Carlo Brescia (CB)
Fecha de la Entrevista: 28.07.2012
Transcripción y Corrección de Estilo: Regina Palacios, Carlo Brescia / Traducción al inglés: Maribel Leon
Fotografías: Dr. Félix Julca Guerrero
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Entrevista incluída como artículo en la edición Nr 14 (Enero 2013) de la revista PERIPHERIA.

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PREGUNTA 1
MT: Yo quisiera saber cómo se decidió hacerse profesor de quechua.

LM: Bueno, yo provengo de una familia numerosa de la cual soy el único que habla quechua debido a que a partir de los dos años tuve la suerte de vivir con una tía abuela cuya única lengua era esa. Imagino que mi código básico fue el español pero luego aprendí muy bien el quechua y me gustó. Lo bonito de mi tía abuela fue que ella, siendo analfabeta, motivaba en mí la lectoescritura. Para esto me llevaba siempre a la biblioteca abandonada de un tío y con mucho cuidado me encaminaba para revisar los libros permanentemente. De tal manera que cuando fui a la escuela aprendí rápidamente la lectura y escritura del español. Sin embargo llegué al colegio hablando quechua y mi suerte fue favorable porque en 3.er año de primaria un profesor empezó a utilizar el quechua en las dramatizaciones y yo era el engreído porque ser el único que hablaba bien el quechua. Me sentí muy fortalecido y respaldado para usar un código que era mío. Posteriormente, en la secundaria, no hubo muchas experiencias relevantes.

Fue más o menos en el año 76 o 77, cuando ya ejercía la docencia, que pasé por la plaza de Armas y observé que se estaba realizando un congreso. Escuché que un extranjero hablaba precisamente sobre el futuro del quechua y una de sus conclusiones fue que en diez años el quechua iba a desaparecer. Yo me sentí mal. Entonces le pregunté: “¿pero cómo puede usted aseverar eso? A mí, que soy relativamente joven ¿me está tratando de decir que voy a morir dentro de diez años porque soy quechuahablante?” (risas). Entonces trató de explicarse pero a mí ya se me había metido el reto en la cabeza y desde ese momento empecé a trabajar más por el quechua. Así fue como un colega y yo fortalecimos la labor que veníamos desempeñando en esa lengua y empezamos a salir al campo, a crear canciones y textos de una manera independiente, sin financiamientos externos pues realmente era nuestra voluntad y paulatinamente fuimos identificándonos con el idioma cada vez más.

Estudiamos la lingüística del quechua, aunque no en la universidad de manera sistemática, sino de modo muy pragmático. Sin embargo nos convencimos de que era la alternativa, pues hay que pensar en las lenguas maternas, en todas las lenguas maternas. Es decir, el niño tiene derecho de aprender en su lengua materna, a leer, a escribir, y aprender otras lenguas más porque la vida nos muestra pluralidad. Debemos aprender de esa pluralidad, pero a partir de lo que tenemos. Entonces ahí nace nuestra identidad con el quechua. A mí nadie me ha convencido de que el quechua es bueno, sino que yo me di cuenta de ello a través de mi propia reflexión y de mis vivencias. Gracias a esa lengua soy muy feliz porque como quechuahablante he tenido éxito, sino hubiera sido por ella probablemente no hubiera tenido las experiencias que tengo.

PREGUNTA 2
CB: ¿Qué pasa cuando un niño quechuablante entra en el sistema educativo propuesto por la escuela pública?

LM: Bueno, yo escribí hace poco un artículo con David Weber y Phelps de Arequipa. Un artículo un poco rudo, el título es Los enemigos del quechua. Yo podría aludir a este artículo para explicar con qué se tiene que enfrentar el niño cuando va a la escuela. La escuela en general –hay casos particulares– no recibe al niño quechuahablante con los brazos abiertos. La primera barrera que tiene que enfrentar el niño es la barrera de la lengua. Pobre de aquél niño que entre a la escuela siendo monolingüe quechuahablante; va a sufrir demasiado. Hemos encontrado casos en comunidades donde los niños son castigados por ser quechuahablantes. No se les da permiso para salir al baño, no se les permite hablar en quechua; se les castiga de diferentes formas por hablar su lengua. Nunca pueden asumir roles importantes ni protagónicos allí porque son quechuahablantes. Estos niños difícilmente pasan todas las barreras, la mayor parte de ellos se va retirando con el tiempo. He visto casos, en Conchucos por ejemplo, de niños quechuahablantes que van con una voluntad muy grande a la escuela, pero al poco tiempo, al mes, a los dos meses, empiezan a inventar enfermedades: les duele la cabeza, les duele el estómago, y no van más a la escuela porque el profesor los maltrata. Finalmente desertan de la escuela.

Hay casos extremos, pero también existen otros donde los profesores reciben y tratan muy bien a estos niños. Tenemos una escuela muy cercana, en Chamanayuq, donde los niños quechuahablantes son bien tratados y felices porque cantan canciones en quechua, leen en quechua y también aprenden en castellano. Y es un caso atípico muy bonito porque uno puede apreciar lo que es el sistema Educativo Bilingüe Intercultural (EIB). El niño incluso llega a corregir al docente en cuanto al uso de una de las dos lenguas por vez con el fin de evitar que la clase se haga un enredo.

Hemos tenido ejemplos de niños hispanohablantes que han ido a comunidades quechuas y, a diferencia de los casos narrados anteriormente, tuvieron una mejor inserción en ellas. Hubo un niño hispanohablante que vino de Lima a Chamanayuq, donde la profesora lo recibió con cariño. Inicialmente el niño no quería juntarse con los demás porque no se entendían, pero la profesora, a base de juegos empezó a involucrarlo y finalmente, el niño terminó el 1.er grado siendo bilingüe: podía leer en castellano y también en quechua. Por otro lado, la profesora aprovechaba los conocimientos del niño hispanohablante para hacer trabajos con los quechuahablantes, y así el pequeño resultó siendo también muy útil para el proceso educativo.

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PREGUNTA 3
CB: ¿Tiene más ejemplos de buenas prácticas en EIB?

LM: Por ejemplo, en una comunidad –Poqraq– que está por las alturas de Recuay, hicimos una pregunta de juicio crítico con respecto a la canción del zorro. En esta canción se destaca el rencor de parte del hombre hacia este animal debido a que es el causante de la desaparición de las ovejas. En la pregunta decíamos: Cuál es tu opinión con respecto a la actitud del hombre, ¿está bien que el hombre odie al zorro o está mal, y por qué? Así de compleja era la pregunta.

Bueno, los niños respondieron de diferentes formas, aunque en su mayoría decían: “está bien, debemos odiar al zorro porque nos quita las ovejas, se lleva las gallinas, es un ladrón”, etc. Pero un niñito respondió de otra manera y ahí lo bonito del asunto: cómo un niño responde de modo crítico y personal. El niño dijo: “No, yo no estoy de acuerdo con que se odie al zorro; debemos quererlo y respetarlo, porque a veces, cuando vamos por los cerros, encontramos a un animal muerto, ¿y quién elimina los restos para que no se llenen de moscas? El zorro. Entonces el zorro también nos ayuda a conservar el medio ambiente”. Fue una pregunta respondida excelentemente por un niño de 1.er grado. Eso también hace ver que si utilizamos sus conocimientos previos, el análisis de la lectura será relativamente fácil y la comprensión será alta. Lo hemos demostrado. Pero, lamentablemente, los maestros no lo toman en cuenta.

Por ejemplo, si nosotros trabajáramos primero la comprensión lectora en quechua y luego enseñáramos el habla en español, el éxito estaría garantizado. En el caso de matemáticas, por ejemplo, recuerdo cierta ocasión en que fui a dictar clases a una comunidad por Uco. Empecé haciendo preguntas sencillas a los niños; preguntas como ¿cuántas ovejas tienes en tu casa? O ¿cuántos cuyes tienes? Y así cada uno contaba cuanto tenía. Luego, de manera progresiva, fui aplicando problemas de adición con base en sus respuestas de modo que la dificultad aumentaba. Hasta que hice una pregunta de cuyo error no reparé en ese momento. Pregunté: Panchito, ¿si tus cuatro cuyes parieran cinco cuyecitos, cuántos cuyes tendrías en tu casa? La respuesta del niño, debido al diálogo horizontal que teníamos establecido, fue: “Profesor, no sabes preguntar”. Sin reparar aún en mi error volví a formular la pregunta insistiendo en la claridad de la misma, hasta que el niño me explicó diciendo: “profesor, has preguntado mal porque acá en mi pueblo, las cuyes nunca paren cinco. Es imposible”.

Esto me sirvió para entender vivencialmente que los niños, estando en una etapa concreta del desarrollo de su mente, tienen que resolver problemas que parten de la realidad, no de la imaginación.

PREGUNTA 4
DL: Hablando del fortalecimiento y de cómo estar orgullosos de esta lengua, observamos también la necesidad de evidenciar más elementos que revelen cuán importante es el mundo quechua.

En cuanto al tema de las matemáticas, me gustaría mencionar un estudio que realizó una antropóloga alemana llamada Inga Bolín. Ella observó en Quispicanchis-Cusco, la manera en que los niños iban asimilando el mundo de los números por medio de la estimulación originada por sus actividades diarias. Demostró que esos niños quechuahablantes permanecieron en su pueblo hasta la edad de doce años, y luego, cuando bajaron a una ciudad cercana, lograron los primeros puestos en matemáticas.

Por otro lado, un estudiante que estuvo haciendo una investigación en la Universidad de Ingeniería; me refirió que muchos andinos ocupaban buenos puestos en los exámenes de dicha universidad. Es evidente que el mundo quechua alimenta considerablemente el campo de los números, y esta resulta ser otra riqueza de su cultura.

LM: Sí. Es completamente cierto. El niño quechuahablante como cualquier otro niño, tiene que aprender a partir de situaciones concretas. Él aprende muy bien en el campo, aprende a contar viendo animales y elementos de su contexto. Así, observando, aprende a hacer operaciones básicas; por ejemplo, si va a pastar y se extravía un animal, él se da cuenta que le hace falta un elemento por medio de la sustracción. Si van entre amigos y juntan su ganado, realizan adición. Estos procesos cognitivos que se van desarrollando de manera natural y positiva, resultan bloqueándose en la escuela porque una cosa es huk, y otra cosa es uno. Entonces cambian los códigos y el niño se ve perdido en ese proceso de abstracción. En cambio, si nosotros siguiéramos trabajando en quechua en las escuelas el proceso de desarrollo de las matemáticas, el despertar y el fortalecimiento de la inteligencia lógico-matemático, serían altamente positivos.

PREGUNTA 5
CB: ¿Cuáles son los factores necesarios para hacer este tipo educación eficiente?

LM: Creo que es fundamental la preparación del maestro. Que el maestro entienda la parte teórica del por qué hay que enseñar en la lengua materna. Eso es lo que hace falta en el país. Yo pienso que es necesario que los maestros estudien cursos básicos de lingüística y psicolingüística; de tal manera que en esos cursos se les explique y entiendan por qué hay que enseñar en quechua. No se trata de un simple capricho o únicamente de identidad. Hay razones más profundas; razones psicológicas, psicolingüísticas y neurolingüísticas para que el niño aprenda en su propia lengua. Si el maestro no entiende eso, difícilmente podrá desarrollar el programa de EIB. Creo que en estos momentos ese es el mayor problema. Cuando el maestro viene a las capacitaciones –si es que hay capacitaciones– se queda un poco perplejo pensando en que sí es posible hacerlo. Pero cuando vuelve a su escuela, debido a que no tiene las bases teóricas totalmente claras, no sabe qué hacer. Hacen una o dos clases aplicando el método y después lo abandona, vuelve a la rutina anterior.

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PREGUNTA 6
CB: ¿Qué ocurre con el estado?

LM: Desde 1985 hay algunos documentos donde se ha dicho que los pedagogos deberían ofrecer una formación inicial con el perfil que requiere el contexto sociolingüístico. Es decir, los maestros que egresan de los pedagógicos deberían ser bilingües interculturales; que sepan leer y escribir eficientemente tanto en quechua como en español. La norma está estipulada, sin embargo ni el Estado ni sus anexos correspondientes como el Ministerio de Educación, muestran el menor interés en verificar si se está cumpliendo o no. A este respecto yo tengo dos asuntos de los cuales hablar. En primer lugar debemos tener en cuenta la formación inicial; y en segundo, la formación continua. En ambos casos el Estado demuestra la falta de firmeza necesaria para fiscalizar la eficiencia de estos servicios.

En el caso de formación inicial, por ejemplo, observé estas deficiencias cuando trabajaba en el Ministerio. Durante mis visitas a diferentes pedagógicos pude constatar que lo que hacían en el curso de quechua era concursos de platos típicos, concursos de ropas típicas o paseos. No estudiaban lingüística, escritura, ni gramática quechuas. Evidentemente el Estado, viéndose presionado por las demandas, ofrece el proyecto, pero no se responsabiliza en observar si el desarrollo del mismo está siendo bien llevado. En formación continua, que son las capacitaciones, ocurre lo mismo. El Estado no se preocupa por verificar lo que se está haciendo. Pero esta problemática no solo parte del Gobierno, sino también de muchas ONG.

Está bien que las ONG, por ejemplo, vayan a trabajar al campo, pero deben estar sujetas a supervisión para evaluar cómo están llevando a cabo la enseñanza y ver también los resultados de la misma mediante pruebas de entrada y pruebas de salida. En el país muchas ONG hacen trabajos de Educación Bilingüe Intercultural, pero nadie las fiscaliza. Por Conchucos han pasado muchísimas de estas instituciones; algunas trabajan indistintamente en el plano oral, otras en el plano escrito. Pero uno va a las escuelas y no encuentra nada, de modo que el problema está también en la indiferencia e incapacidad del Estado para calificar.

Precisamente ahora hay un programa de escuelas Marca Perú donde se ha tenido muchas limitaciones en la selección de profesionales. Yo participé en una reunión del Ministerio en septiembre del año pasado. Ahí se dijo que los capacitadores –que ahora se llaman asistentes técnicos– tenían que dominar el quechua y el español. Sin embargo, se puede constatar en estos momentos muchos casos de profesores que no saben hablar quechua. La pregunta es ¿qué van a hacer ellos, como asistentes técnicos, por el quechua? Nada. ¿Y quién lo permite? El Sistema, que es quien se desdice a sí mismo al convocar cierto tipo de personal, y terminar contratando otro tipo de profesionales. En este contexto, el trabajo está garantizado para el fracaso, no para el éxito.

Puedo contar una anécdota ocurrida la semana pasada en referencia a ese asunto. Los asistentes técnicos estaban trabajando en el campo y resultó que al especialista de la Dirección Regional se le ocurrió que se tenía que desfilar. Entonces dio la orden de suspender todo el trabajo de campo para hacer una presentación en la plaza. Esa es una manera de obstruir el trabajo sin razones justificables.
Pero estas obstrucciones no solo se dan a ese nivel. Sucede también a nivel de distribución de materiales, lo cual termina siendo un grave problema. Los materiales se preparan de acuerdo a la planificación para ser entregados en el mes de enero aproximadamente al Ministerio de Educación, el cual debe distribuirlos a nivel nacional. Lo que ocurre con los materiales de quechua, puntualmente siendo el área donde yo he trabajado, es que dichos materiales estaban distribuidos en las diversas UGEL los primeros días de marzo; pero estas entidades no llegaban a hacer la distribución respectiva a las escuelas. A veces transcurre todo el año y los materiales de lectoescritura terminan quedándose en las UGEL. Finalmente, nadie se hace responsable por eso.

PREGUNTA 7
CB: Entonces, ¿qué tipo de Educación es la que debemos fomentar?

LM: La Educación es un instrumento para mejorar la cultura, para poner en óptimas condiciones aquello de lo cual se vale el hombre. Nuestras comunidades, por muy pequeñas que sean, tienen conocimientos, tienen ciencia, tienen tecnología, tienen de todo. Lo que hace falta es encontrarlas y potenciar todo aquello a través de un sistema educativo adecuado. Entonces, si yo tengo un buen diagnóstico de la realidad, voy a proponer también una alternativa educativa adecuada a esta realidad, y ahí tenemos mecanismos como la diversificación curricular para hacer una Educación pertinente en estas comunidades.

Hace unos años hice un taller para padres de familia –de ambos sexos y todos adultos– en una comunidad de la zona de Barrick. Mi objetivo era demostrar que los papás podían leer y escribir en quechua. Ellos decían: “no, eso es muy difícil, profesor. Ya ni hablamos el quechua legítimo. Hablar si podemos, pero leer y escribir no”.

Hasta que después de una motivación empezamos a trabajar con los papelotes que les di. Les dije en quechua que escribieran lo que quisieran. No lo tuvieron claro hasta que pregunté a alguien: “usted señora, ¿qué sabe hacer?” “Bueno -dijo- yo sé hacer mote”. Entonces le sugerí que escribiera cómo hacía el mote en su casa y empezaron a producir pequeños párrafos. Lo gracioso fue que en el momento de la producción, unos miraban el trabajo de los otros y decían “no; así no se hace, así lo hacen solamente las personas descuidadas. Nosotros lo hacemos de otra manera” y así empezaba la discusión. Producto de esta discusión se dio un incremento del texto y además del incremento del texto, se produjo la valoración por el uso gráfico, pues yo les dije: “ahora que está escrito, esto se puede quedar para ustedes, y no solamente para ustedes sino también para las otras generaciones”. Fíjense en la importancia de escribir en nuestra lengua.

Es decir, la escuela debe ser abierta a la comunidad y no como la vemos ahora: cerrada. La escuela no debe estar solamente bajo la responsabilidad del maestro, sino de toda la sociedad. Así, una escuela pertinente, es la escuela que es de todos. Entonces es MI escuela como profesor, es MI escuela como padre de familia, es MI escuela como autoridad, es MI escuela como miembro de la comunidad y voy a dar todo lo que esté a mi alcance para que esta escuela tenga éxito.

CB: Muchas gracias por su tiempo y sigamos preservando la cultura y la lengua.

LM: Sí, hasta cuando las fuerzas lo permitan. (Risas)

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